Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Carsten Peter, National Geographic Society.

«Vendo alma inquieta, no se admite devolución».
Ricardo Reques, Fuera de lugar.
Joel Rea

«―Tal vez podría construir muñecos que tuvieran corazón, conciencia, pasiones, sentimientos y una moral. Pero nadie en este mundo se interesaría por ellos. La gente solo quiere rarezas en este mundo: monstruos es lo que quieren, sí señor, sólo monstruos».

Joseph Roth, La noche mil dos.
Sarah Louette.

Tristeza de verano
«El sol, sobre la arena, luchadora dormida,
En tus cabellos de oro caldea un baño lánguido
Y, consumiendo incienso en tu enemigo pómulo,
Entremezcla a los llantos un brebaje amoroso.
Del blanco llamear la calma inamovible
Te hizo, triste, decir, oh mis besos miedosos,
"No seremos los dos nunca una sola momia
Bajo el desierto antiguo y las palmas dichosas".
Pero tu cabellera es como un río tibio
Donde ahogar sin temblores la obsesión de nuestra alma
Y encontrar esa Nada que no conoces tú.
Probaré los afeites llorados por tus párpados,
A ver si saben dar al corazón que heriste
La insensibilidad del cielo y de las piedras».
Stéphane Mallarmé (Traducido por Tomás Segovia).
Michael Ticcino

«Tan solo me quedé allí sentado, rabiando en silencio por el hecho de que este fraude personal y cósmico jamás sería vengado».
Tom McCarthy, Satin Island.
Michael Dalmedo.

«El amor más intenso, quizás más débil que el odio, es una negociación, nunca concluyente, entre soledades».

George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento.

Jvdas Berra, Drowning Princess.

«Voy a tener un hijo, y por tanto todos mis sueños son de agua. Desde la orilla, un fantasma me hace señas, el fantasma de una calamidad a punto de cumplirse. Pero esta noche, el niño reposa en mí como una isla predestinada, la única isla de todos los mares».

Elizabeth Smart, En Grand Central Station me senté y lloré
Henry Prellwitz, Moonlight Ring (1910 - 1920).

«Vi la Eternidad la otra noche,
Como un enorme Anillo de luz pura e infinita,
            Tan en calma como brillante».
Henry Vaughan

Erik Johanson

El olvido
«No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.
Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mención, y arden tus dedos,
como una nieve súbita.
Está y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frío quema y en tus ojos nace
su memoria. Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.
Con dignidad murió. Su sombra cruza».
Vicente Aleixandre, El Olvido (Poemas de la consumación).
Abraham Polonsky (dir.). Fotograma de Force of Evil. 1948.

14
«no soy abraham polonsky y no lo seré nunca
no nací en nueva york un cinco de diciembre
ni guiones ni novelas ni trabajé en la paramount
y tampoco luché en el frente de europa
no leí a thomas mann ni escribí en cuerpo y alma
no bebí con john garfield y nunca he dirigido el imperio del mal
hoy mi nombre se borra lentamente en los créditos
llega el hombre sin rostro con su paso invisible
a veces voy al cine para ver la última de kazan
otra obra maestra sobre la ambigüedad
quién puede perdonar las ofensas de otros quién se atreve a decirlo
la delación resulta ventajosa cincuenta años después
me niego a contestar si pertenezco al partido comunista
me niego a contestar ni he conocido a algún miembro del partido comunista
sólo sé que soy abraham polonsky
que mi nombre sin nombre su brigada homicida
me pertenecerá en las líneas onduladas de atril
cuando escriba el romance de un ladrón de caballos
que escogió defender su derecho a callar».
Joaquín Pérez Azaústre, Vida y leyenda del jinete eléctrico.
Mihai Criste

«Hay momentos en los que se puede decir lo que se piensa o hacer preguntas, pero en otros no. Son los llamados momentos equivocados. Y dado que los momentos equivocados llenan las horas, se acaba por no preguntar más».
Fleur Jaeggy, Proleterka.
William Trost Richards. The League Long Breakers Thundering on the Reef, 1887, Brooklyn Museum.

«Hay placer en los bosques sin senderos, hay éxtasis en una costa solitaria. Está la soledad donde nadie se inmiscuye, por el océano profundo y la música con su rugido: No amo menos al hombre pero si más a la naturaleza».

Lord Byron.
Frederick Ardley

«Todo libro de relatos se convierte en un collage de palabras, de sentimientos e inquietudes, y con fortuna, algunas de estas expresiones se transforman en ideas, en estados de ánimo que encauzan la escritura por caminos muchas veces poco aconsejables».
Julio Jurado, Traer a cuento (El bombardero azul).
Henri Rousseau, La Charmeuse de serpents. 1907. Musée d'Orsay.

«¿Dónde me encuentro?, me pregunto. ¿Qué es lo que veo? ¿Existe de verdad este lugar fuera del mundo que están viendo mis ojos? Aunque nadie más que yo, en todo el universo, sabe que existe, sabe que en este momento hay un hombre absolutamente solo que mueve su cuerpo entre estos restos de piedra sobre los que no cesa un solo instante, día y noche, el tormento vegetal de las enredaderas».
Antonio Moresco, La lucecita
Shutterstock. A tree with roots is reading a story with books floating around it on a brown old landscape.

«Muchos creen que una novela lograda tiene que presentar una estructura, unos personajes redondos, una historia, estilo, unidad y no sé cuántos rasgos más de teoría literaria. Tal vez todo esto sea necesario, pero yo creo que el logro de un libro está en esos momentos de resplandor extraordinario más allá de los cuales adivinas el espectáculo de una mente verdadera, de un hombre verdadero, de una inteligencia inagotable». 
Mircea Cǎrtǎrescu, Una ducha no-laodicea (El ojo castaño de nuestro amor).
Walt Disney’s & Salvador Dali, Destino (fotograma). 

«Ya no quería entenderla. Para mí, después de todo lo que habíamos pasado, la felicidad era exactamente lo que teníamos, incluidos los sueños que el cine nos prestaba».
Rafael Chirbes, La buena letra.
Marc Chagall, Der blaue Zirkus. 1950-52

«Pero no hay vez en que él pase cerca de mí y yo no sienta cada una de las gotas de mi sangre brincar, reclamando su atención. Por mucho que mi mente razone que entre nosotros solo hay neutralidad, mi corazón sabe que jamás neutralidad alguna estuvo tan llena de pasión».
Elizabeth Smart, En Grand Central Station me senté y lloré.
Jacques Lacomblez, La hora inmóvil, travesía, 2011

Oda al aire quieto
A Joaquim Manuel Magalhães

«Carece de perfil, nadie lo ve,
pero amasa un volumen de luz reconocible.
Es una espuma inmóvil, sin color,
un cristal que al rozar las cosas las sujeta
hasta hacer que se graben en sí mismas.
Me ha rodeado siempre
en los mudos rincones escondidos
en medio del paisaje
(burbujas de desdén contra lo abierto),
y allí, al respirarlo
―hecha roca la roca,
fuente la fuente, nítida columna el árbol gris
y verdadera el ave―,
allí, al respirarlo,
con un afán seguro, sin adornos,
lo real
en vez de transcurrir se ofrece al aire
de mi respiración, y el aire lo respeta
y nada se transforma.
La sorda luz del cuarto lo contiene también.
Hace que las cortinas caigan
sobre su lenta longitud; que el cuadro
hable para decir a lo visible
la palabra amarilla, el verbo ocre;
que la flor permanezca en sus pétalos secos;
que se anuncie en la lámpara su claridad futura;
que lo cerrado importe
y lo guardado tiemble.
Señalo tus dominios, aire quieto.
Nombro tus huellas para celebrarte,
a ti, puro espesor de lo presente
donde apenas estamos».
Antonio Cabrera, Con el aire.
Gregory Thielker, Above and below. 2008.

La lluvia
«Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto
patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto».
Jorge Luis Borges, El hacedor.
Henry Levin (dir.). Fotograma de Journey to the Center of the Earth. 1959.

«Me esperan aquí largos inviernos helados y la azarosa geometría de la blancura. Yo vivo aquí emboscado, como si practicara la natación en un gélido mar sin fondo en el centro de la tierra. Y soy como aquel bandido walseriano que se diluía y ocultaba tanto en el texto que acababa incluso desdoblándose en dos. Pero no estoy aquí para escribir demasiado, sino para dedicarme al arte de desvanecerse. Mi estrategia consiste en dedicarme a ser visto sólo lo imprescindible y a tratar de desaparecer cada día más».

Enrique Vila-Matas, Doctor Pasavento.
William Turner, The Fighting Téméraire tugged to her last Berth to be broken. 1838.

«Las palabras de aliento después de la censura son como el sol tras el aguacero».

J.W. Goethe,
Víctor Bregeda

«Un profesor que me caía bien solía decir que la tarea de la mejor narrativa era relajar al inquieto e inquietar al relajado».
David Foster Wallace, Conversaciones con David Foster Wallace.
 (Entrevista de Larry McCaffery, 1993).
Black-book-drops-experience-ink-rain-Favim.com.
«Las citas tienen un interés especial, ya que uno es incapaz de citar algo que no sean sus propias palabras, quienquiera que las haya escrito».
Wallace Stevens.
Igor Morski

«Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala».
Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
Erik Johansson, Let's Leave.

«No hay nada que la gente no pueda ingeniárselas para elogiar, reprobar o encontrar una justificación acorde con sus inclinaciones, prejuicios y creencias».
Molière, El misántropo.
René Magritte, The improvement (L’embellie), 1962

«Así es como, pongamos el caso, llega a olvidarse cómo cerrar una puerta de forma suave, cuidadosa y completa. Las de los automóviles y neveras hay que cerrarlas de golpe; otras tienen la tendencia a cerrarse solas, habituando así a los que entran a la indelicadeza de no mirar detrás de sí, de no fijarse en el interior de la casa que los recibe».
Theodor Adorno. Mínima moralia.
George Grie

«Me pregunto cómo pueden todavía apasionarme, o por lo menos preocuparme, los problemas económicos, sociales, políticos, siendo así que yo sé: 1) que nos vamos a morir; 2) que la revolución no nos salva ni de la vida ni de la muerte; 3) que no puedo imaginarme un universo finito, un universo infinito, un universo ni finito ni infinito».
Eugène Ionesco, Diarios.
Remedios Varo, Ciencia inútil o El alquimista. 1955. Museo de Arte Moderno. Conaculta-INBA.

«Conozco un planeta donde hay un Señor carmesí. Jamás ha olido una flor. Jamás ha mirado a una estrella. Jamás ha querido a nadie. No ha hecho más que sumas y restas. Y todo día repite como tú: "¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!" Y esto le infla de orgullo. Pero no es un hombre, ¡es un hongo!».
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.
Diggie Vitt

«Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura».
Antonio Machado, Juan de Mairena.
Cueva prehistórica de Peña Escrita. Fuencaliente, Ciudad Real.

«Porque, veamos, ¿qué es el hombre en medio de la naturaleza? Una nada frente al infinito, un todo frente a la nada, un término medio entre la nada y el todo. Infinitamente alejado de comprender los extremos, el fin de las cosas y su principio le están invenciblemente ocultos en un secreto impenetrable, igualmente incapaz de ver la nada de donde ha sido sacado y el infinito en que se halla sumido».

Pascal, Pensamientos.
René Magritte, Le fils de l'homme. 1946.


«No se trata del arte de dar (al alma) la vista, porque ya la tiene, sino de procurar que se corrija lo que no está vuelto adonde debe ni mira adonde es menester».
Platón, La República.
Leila Amat, La isla.

«En nuestra vida no hay un día sin importancia».
Alexander Woollcott, Mientras Roma arde.
Johann Peter Hasenclever, Die Sentimentale. 1846-47. Museum Kunstpalast, Düsseldorf.

No iremos, pues, ya errantes
«No iremos, pues, ya errantes
a horas tardías de la noche,
aunque el corazón ame como antes
y la luna su brillo derroche.
Pues la espada vive ahora envainada,
y en pecho se oculta el alma,
y el corazón se detiene a cada alentada
y el amor vive su hora de calma.
Aunque para amar se hizo la noche,
y pronto regresa la hora diurna,
no iremos pues ya errantes
a la luz de la luna».
Lord ByronNo iremos, pues, ya errantes (Traducción de Damián Alou).
Sarolta Bán.

«Escribir ahora, se diría que la mayor parte de las veces ya no es nada. Esa desesperación se manifestaba en un momento dado del día. Y después seguía la imposibilidad de seguir avanzando, o el sueño, o, a veces nada…. O nada, o dormir, morir»…
Marguerite Duras, El amante.

«Los libros son como mariposas. Habitualmente tienen las alas plegadas, como cuando las mariposas descansan sobre una hoja y desarrollan su trompa filiforme para sorber el agua de una gota de rocío. Cuando abres un libro, este echa a volar. Y tú con él, como si volaras en el cuello de plumón de una mariposa gigante».
Mircea Cǎrtǎrescu, El cuarto corazón (El ojo castaño de nuestro amor).
Edward Hopper, Early Sunday Morning. 1930.

«Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como me vino en gana dar un paseo, me planté el sombrero en la cabeza, abandoné el cuarto de los escritos o de los espíritus, y bajé la escalera para salir a buen paso a la calle».
Robert Walser, El paseo.
Charles M. Schulz, Charlie Brown.

«Mi vida no tiene propósito, ni dirección, ni finalidad, ni significado, y a pesar de todo soy feliz. No lo puedo comprender. ¿Qué estaré haciendo bien?».
Charles M. Schulz, Charlie Brown.
Erik Johansson.

«Y después pensó en otras cosas de su vida, pero éstas Pereira no quiere referirlas, porque sostiene que son suyas y solamente suyas y que no añaden nada ni a aquella noche ni a aquella fiesta a la que había ido a parar sin proponérselo».
Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira.
Leszek Kowalski, Kolory kobiety.

«Somos criaturas forjadoras de historias que no podemos repetir, ni dejar atrás».
W. H. Auden, La mano del tintorero.
Libreria Acqua Alta en Vencia, Italia.

«No hace falta viajar a Roma o Venecia y comprobar que la librería preferida ha desaparecido para darse cuenta de que el tiempo ha pasado y que eso significa que hemos muerto un poco».
Sónia Hernández, Las responsabilidades (Los enfermos erróneos).
Tim Burton (dir.). Alice in Wonderland (2010). Mia Wasikowska.


«Alicia observó con mucho interés cómo el Rey sacaba un enorme cuaderno de notas del bolsillo y empezaba a escribir en él. Se le ocurrió entonces una idea irresistible y, cediendo a la tentación, se hizo con el extremo del lápiz, que se extendía bastante más allá por encima del hombro del Rey y empezó a obligarle a escribir lo que ella quería».

Lewis Carroll, Alicia a través del espejo.
Édouard Manet, Retrato de Stéphane Mallarmé. 1876.

«… todo, en el mundo, existe para concluir en un libro».
Stéphane Mallarmé.
Salvador Dalí, La persistencia de la memoria. 1931. Museo de Arte Moderno de Nueva York.

«Los suspiros, el ritmo de nuestros latidos, las contracciones de parto, los orgasmos, acaban todos por acompasarse, igual que los relojes de péndulo colocados uno cerca del otro pronto sincronizan su vaivén. Las luciérnagas en un árbol se encienden y se apagan como una sola. El sol sale y se pone. La luna crece y mengua y el periódico suele caer en el porche a las seis y treinta y cinco de la mañana».
Lucia Berlin, Espera un momento (Manual para mujeres de la limpieza).
Ilustración:Teo.1981.

El oso, la mona y el cerdo

Un oso, con que la vida
se ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: «¿Qué tal?»
Era perita la mona,
y respondióle: «Muy mal».

«Yo creo», replicó el oso,
«que me haces poco favor.
Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?
¿no hago el paso con primor?».

Estaba el cerdo presente,
y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto, ni verá!».

Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto
hubo de exclamar así:

«Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar».

Guarde para su regalo
esta sentencia el autor:
si el sabio no aprueba, ¡malo!
si el necio aplaude, ¡peor!

Tomás de Iriarte, Fábulas.
Emil Nolde, Cielo estrellado. 1938-1945.

«Ya no considero inalcanzable la felicidad como me sucedía hace tiempo. Ahora sé que puede ocurrir en cualquier momento, pero nunca hay que buscarla. En cuanto al fracaso y la fama, me parecen irrelevantes y no me preocupan. Lo que quiero ahora es la paz, el placer del pensamiento y de la amistad. Y aunque parezca demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado."
Jorge Luis Borges, Autobiografía.
Rafał Olbiński
«¿Qué hombre honrado no ha estado desvalido nunca en su vida, y qué ser humano ha mantenido por completo intactos a lo largo de los años sus esperanzas, planes, sueños? ¿Dónde está el alma cuyos anhelos, osados deseos, dulces y elevadas concepciones de la felicidad se cumplieron, sin tener que hacer descuentos en ellas?».

Robert Walser, El paseo.

John Reinhard Weguelin, Lesbia. 1878. 
 
Poema 75

«Ha caído tan bajo por tu culpa
mi corazón, sí, Lesbia, y se ha anulado
tanto cumpliendo sus obligaciones,
que le será imposible ya quererte,
aunque te vuelvas la mujer más buena,
y ya puedes hacerle cualquier cosa,
que tampoco podría dejar de amarte».
Catulo, Poemas.