Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Patty Maher

«Sabemos, también, que los libros envejecen a nuestro lado, amarillean con el tiempo, como decía el poeta, y llevan, muchos de ellos, marcas de nuestras lecturas, las notas de las reflexiones que despertaron, las pruebas de nuestro amor».

Emilio Lledó, Los libros y la libertad.
Redmer Hoekstra

«La forma no es un sobretodo que se pone sobre la carne del propio pensamiento (una antigua comparación, que ya era vieja en tiempos de Flaubert), sino la carne del propio pensamiento. Es tan imposible imaginar una Idea sin Forma como una Forma sin Idea. En arte todo depende de la ejecución: la historia de un piojo puede ser más bella que la de Alejandro. Hay que escribir tal y como se siente, asegurarse de que esos sentimientos son sinceros, y despreocuparse de todo lo demás. Cuando un verso es bueno, no pertenece a ninguna escuela. Una buena frase de prosa tiene que ser tan inmutable como un buen verso».
Julian BarnesEl loro de Flaubert.
Remedios Varo, Les Feuilles Mortes, 1956.

Rondó
«Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré:
que el chasquido de las cápsulas o el fogonazo sulfúreo,
como guardado por ángeles, no arrasarán mi jardín.
Qué claridad de relámpagos cuando mis ojos se cierran.
Tan cercanas las imágenes del amor, aquí, en mi pecho,
como canto de sirenas o recuerdos de niñez.
Con paso quedo, despacio: no despertéis a las rosas.
El momento de la lluvia tras los cristales velados,
y el momento en que se escuchan tu mirada y tu sonrisa,
y el momento en que tu voz descubre cielo y planetas,
y el momento en que tu piel gime un fulgor susurrante,
y el momento en que tus labios, y tus ojos, y la lluvia...
Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré».

Pere Gimferrer, Extraña fruta y otros poemas (1968 – 1969).
Patty Maher
«Guardo aquel cuaderno, de tapas marrones, entre mis objetos más preciados, entre los que no hay joya ni piedra preciosa alguna. Mis objetos amados están hechos de papeles, de piedra, de arena, de madera, de piel. Caben todos ellos en un maletín de cuero que fue del tío Marcel, con sus iniciales grabadas en plata».

                           Mary Ann Clark Bremer, Cuando acabe el invierno (Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).
Jacek Yerka

Causas y azares
«Cada cosa
prospera
o muere
juzgada por un dios
absurdo,
pequeño,
feroz».
José María Gómez Valero, Los augurios.
N.C. Wyeth, For a mile, or thereabouts, my raft went very well,

«Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos».
Daniel Defoe, Robinson Crusoe.
Kindra Nikole

«María, pregunto, ¿éste es el amor del que se habla en las canciones? “No”, me dice, “ese es amor de melancolía, un paño de lágrimas y suspiros, una pesadez. Tu amor y el mío es una alianza, una fuerza de lucha”. Y entonces nos acomete el viento para arrancarnos de la boca nuestros susurros».

Erri de Luca, Montedidio.
Jimmy Lawlor, Books.

«Arañadas tapas de un verde ajado, como de un terciopelo muchas veces expuesto a la luz.
Tapas del color del tabaco. Y del de los corales de las islas Filipinas.
Tapas del color de la luz del atardecer en Nueva Inglaterra ―mis otros veranos―.
Tapas con olor a cobalto, a moho dulce, a gusanos de seda, a madreselva, a coñac, a tierra mojada.
Tapas estampadas con dos lineas de oro desvaído, en azul prusia, en blanco sucio de nieve.
Los libros de tapas de cartón forradas con telas y los libros de tapas flexibles para los días de tren o playa.
Libros en miniatura (los poemas de Verlaine) y libros gigantescos (algunas novelas de Balzac).
Libros que podrían sujetar un edificio entero (por lo que dicen y cómo lo dicen).
Ningún libro malo entre tantos libros».
Mary Ann Clark Bremer, Una biblioteca de verano.
(Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).
Xetobyte, The Library

«En efecto: he gastado mi adolescencia en cines malsanos y bibliotecas infectas. Para colmo, mis amigas, siempre me han dejado».
Roberto Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción.
Vladimir Kush

«Por el camino pensamos cosas puras,
uno al lado de otro, fugitivos,
cogidos de la mano y pensativos
en medio de las flores más oscuras».
Paul Valéry, fragmento de El bosque amigo.
Oriol Jolonch Clariana

«Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, estaba practicando Juan Salvador Gaviota».
Richard Bach, Juan Salvador Gaviota.
BeneathNorthernSkies
«Hay hombres, pensé, que podrían ayunar cuarenta días por el placer de escuchar a un mirlo cantar. Hay hombres capaces de atravesar un fuego para encontrar una prímula».
G. K. Chesterton, Orthodoxy.
Vincent van Gogh, Girl In The Woods. 1882. The Hague, Netherlands

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido».
Henry David Thoreau, Walden, la vida en los bosques.

«Cuando se ha culminado la navegación por el mar de la vida, deberá mostrarse si se tienen ánimos para comprender que la vida es una repetición e igualmente, si se encuentra placer en gozarla en ese sentido».


Søren Kierkegaard, La repetición.
John D. Schiff, First Papers of Surrealism exhibition. Instalación de Marcel Duchamp. 1942. 

«¿Existe un solo libro que Coleridge o Humboldt no hayan leído, anotando, añadiendo numerosos comentarios, para componer, acerca del primero, un segundo libro en los márgenes, en hojas sueltas, en una proliferación de notas a pie de página?».
George Steiner, El silencio de los libros.

Edgar Ende, Schlittschuhläufer der. 1930.

«Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él».


Johnathan Swift.
Stephen Criscolo

«La mente del poeta está llena de manifestaciones de las leyes misteriosas y, cuando estas manifestaciones aparecen, se fortalecen, se destacan fuertemente sobre el fondo de la mente, aspiran a salir de él, porque todo aquello que debe durar aspira a salir de todo aquello que es frágil, perecedero y que puede desaparecer esa misma noche o ya no ser capaz de sacarlo a la luz».
Marcel Proust. 
Eduard Gordeev 

«Hombre, si eres alguien, ve a pasear solo, conversa contigo mismo, y no te escondas en un coro».
Epicteto.
Michael Dalmedo, Opposite Worlds.

«Hay un momento en la vida de un hombre ―por consiguiente, de los hombres― donde todo ha culminado, los libros están escritos, el universo está silencioso, los seres están en calma».

Maurice Blanchot.
Rikki O'Neill, New-moon

«El mundo juzga adecuadamente muchas cosas porque vive en la ignorancia natural, que es la verdadera sede del hombre. Las ciencias tienen dos extremos que se tocan. El primero es la pura ignorancia natural en la que se encuentran todos los hombres al nacer. El otro extremo es aquel al que llegan las grandes almas que, después de haber recorrido todo lo que los hombres pueden saber, descubren que no saben nada, y vuelven a encontrarse con la misma ignorancia de la que habían salido; pero esta es una ignorancia docta que se conoce. Entre unos y otros están los que salieron de la ignorancia natural y no pudieron alcanzar la otra; estos tienen un barniz de esta ciencia presuntuosa, y se las dan de entendidos. Son los que alborotan el mundo y juzgan inadecuadamente todo».

Pascal, Pensamientos.
María Reques, 2016.

«Por eso es mejor que nuestros hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensa y el mal no recibe castigo, y que, sin embargo, es preciso amar el bien y odiar el mal, y no es posible dar una explicación lógica de esto».

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes.
Sarah Louette

 «La respuesta es que la novela no es un entretenimiento (o no solo es eso); es, sobre todo, una herramienta de investigación existencial, un utensilio de conocimiento de lo humano».
Javier Cercas, El punto ciego.
Philip McKay

«Como aquel, que en un camino solitario
anda lleno de miedos y temores,
y habiéndose una vez dado la vuelta sigue andando
y nunca más habrá de volver la vista atrás:
porque sabe que un demonio espantoso
con paso firme se aproxima a sus espaldas».
Samuel Taylor Coleridge, Fragmento de Rima del anciano marinero.
Moisés Yagües, La valla.

«Las fronteras son creativas, en ellas hierve la vida más que en los centros». 
José Luis Sampedro
Eric Sloane, 1500 Ft., Newark, N.J. 1937.

Versión homenaje a W. B. Yeats
«Algún día tenía que irme al otro barrio
y lo mismo es hacerlo aquí, sobre las nubes,
que despeñarme al buscar una cabra perdida o persiguiendo al lobo.
Ahora estoy aquí, en medio de toda esta locura,
eso es todo, y ni con mis enemigos perderé un segundo de rencor,
ni a los amigos pediré que me recuerden.
No tengo nada a que llamar país, salvo
a ese puñado de casas y de gentes
que es Kiltartan Cross y que seguirá estando donde siempre estuvo.
Por allí andarán ahora todos a quienes quiero.
Unos quizás estén de regreso a casa tras un duro día,
otros, los que llegaron antes, calentarán al fuego sus manos ásperas.
Si ahora estoy aquí es porque así lo quise entonces,
ni ellos, los que ahora beben té bajo las grandes lámparas,
y por pudor o elegancia nada dirán sobre la sangre,
me convencieron con su sutil verborrea,
ni todas esas pobres gentes que se agolpaban en las calles,
ciegos de rencor, me empujaron a esto.
Sólo a este vértigo, a esta sensación de pájaro
que pronto alcanzará la tormenta,
aquí, en mitad de todo y de nada,
debo este momento de suprema libertad.
Para quienes crean que lo mío es una locura,
sólo quisiera decirles que mucho medité lo que me hacía,
lo que hubiera de venir habría de venir sin remedio,
aquello que fui dejando atrás, atrás quedó,
morir y vivir son sólo parte de ese plan instantáneo y eterno».
Manuel Moya, Corazón de la serpiente.
Mian Ijaz Ul Hassan, Forest.

«Inmediatamente después, Sabri oyó en el espeso bosque el ruido de la lluvia, como si fuera una criatura que hubiera estado durmiendo justo a su lado, cómo se desperezaba la música de Debussy, cómo se agitaba con brillos de alhaja, cómo se abría paso».
Ahmet Hamdi Tanpinar, Lluvia de verano.
Sylvia Plath surrounded by books.

«Al gran escritor se le descubre en páginas que no publica».
Stéphane Mallarmé.
Thomas Barbey

Debiera ser verdad
«Debiera ser verdad, debiera el día
inundarse de luz como hoy lo veo,
con su gesto de sábado y ventanas
abiertas al rumor del oleaje:
caminas junto a mí, tu voz me alcanza
con su aliento de fruta y la cadencia
de tus pasos se funde con mis pasos
y no nos cabe el alma ni este puro
fervor de criaturas que el deseo
arroja hacia una playa que no existe».
Eduardo García, Horizonte o frontera.
Peter Zelei 

«Cualquier forma de enamoramiento, por leve que fuera, le hacía sentir miedo. Sólo deseaba una serenidad que le permitiera vivir sin sobresaltos».
Adelaida García Morales, Las mujeres de Héctor.
Rafal Olbinski

«Un constante Vapor sobre el palacio flota;
Extraños fantasmas se alzan entre las brumas;
Terribles, como sueños de eremitas en cuevas encantadas,
Claros como visiones de doncellas que expiran.
Ahora enemigos fieros, serpientes en torcidas espirales,
Espectros demacrados, tumbas abiertas y purpúreas llamas:
Ahora lagos de oro líquido, escenas elíseas,
Cúpulas de cristal y ángeles dentro de máquinas.
Inmensas multitudes se ven por todas partes,
De cuerpos transformados en cóleras diversas.
Aquí teteras vivas con un brazo extendido,
El otro recogido; el asa éste y aquél el pitorro:
Allí un puchero avanza, cual trípode de Homero;
Aquí suspira un jarro, y allá una urraca habla;
Los hombres paren hijos, en portentosa hazaña,
Y las jóvenes, convertidas en botellas, piden a gritos un corcho».
Alexander Pope, El rizo robado (Canto IV).
Carl Spitzweg, Der arme Poet. 1839. Neue Pinakothek.

«No debemos buscar nunca un consuelo en la escritura. No debemos perseguir un objetivo. Si hay algo seguro es que es necesario escribir sin perseguir un objetivo».
Natalia Ginzburg, Y eso fue lo que pasó.
Thomas Barbéy

«Aún hoy, cuando escucho el piano, me sobreviene un sentimiento salvaje, no sé qué es, mi mente regresa hacia algo bello, lejano, destruido».
Fleur Jaeggy, Proleterka.
Quint Buchholz

«Puede decirse plausiblemente que hay una ignorancia rudimentaria, que precede a la ciencia, y otra doctoral, que sigue a la ciencia —ignorancia que la ciencia produce y engendra, de igual manera que deshace y destruye la primera—».
Michel de Montaigne, Ensayos.


Edvard Munch, Portrait of Friedrich Nietzsche.1906. Munch-museet, Oslo.

«¿Puedes imaginártelo? Después de todos los interrogantes con que debió lidiar, las cosas complejas, universales sobre las que había cavilado y escrito, fue un caballo lo que le dejó para el arrastre: un estúpido caballo. Su propietario, cochero, carretero o lo que fuese, continuó, lo estaba azotando; y Kierkegaard o Nietzsche o quien fuese presenció ese acto de crueldad y se le fue la cabeza, se volvió loco. Nunca volvió a escribir otro libro». 
Tom McCarthy, Satin Island.
Quint Buchholz

«Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa».
Albert Camus.

Vladimir Kush

«El símbolo es sutura, unión de lo finito y lo infinito, del mundo y el trasmundo, de mundaneidad y alteridad».
Josep María Esquirol, La resistencia íntima.


Jim Tsinganos

«Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún».
Jorge Luis Borges, La flor de Coleridge.

Stephen Criscolo 

«Me gustaría añadir aquí que a veces nos vemos inclinados a escribir no solo libros que nos gustan mucho, sino también otros que no nos gustan en absoluto. Son esos los que acaban llevándonos por calles oscuras, los que nos hacen tocar acordes secretos, colmándonos de lágrimas y conmociones a veces innobles y vulgares, pero esas conmociones y esas lágrimas, que surgen de nosotros a pesar de que nuestra mente es hostil a ellas, son las que dan el impulso de la escritura».

Natalia Ginzburg, Y eso fue lo que pasó.
Victor Bregeda, New Ark. 1997.
«No pienso siempre exactamente lo mismo porque mis libros son para mí experiencias, en un sentido que quisiera que fuese lo más completo posible. Una experiencia es algo de lo que se sale transformado. Si tuviera que escribir un libro para comunicar lo que ya pienso antes de haber comenzado a escribirlo, no tendría nunca el coraje de empezarlo».
M. Foucault, Dits et écrits.
Brooke Shaden

«Ella conoce estas palabras. Es toda palabras, pero no sabe cómo salir de las palabras para ser alguien, ser la persona que conoce las palabras».
Don DeLillo, Cero K.

Malcolm T. Liepke

«¿Pero empezó él alguna vez? Madre, tú lo hiciste
pequeño, tú fuiste quien lo empezó; para ti fue nuevo,
tú doblaste sobre los ojos nuevos el mundo amistoso
y rechazaste el extraño. ¿Dónde, ay, quedaron los años
cuando tú apartabas de él, con sólo tu delgada figura,
al bullente caos? Así le escondiste muchas cosas;
el cuarto, sospechoso en las noches, se lo hiciste
inofensivo; con tu corazón lleno de refugio mezclaste
a su espacio nocturno un espacio más humano.
No en la oscuridad, no, sino dentro de tu ser
más cercano, pusiste la lámpara, que brillaba
como surgida de la amistad. En ningún lugar
ni un crujido que no explicaras sonriendo,
como si desde mucho tiempo atrás supieras, cuándo
las duelas se comportan así...Y él te escuchó
y se sosegó. De tanto era capaz, tiernamente,
cuando se alzaba, tu presencia; detrás del armario
se levantó, en abrigo, su destino, y su intranquilo
futuro fue semejante a los pliegues de la cortina,
que se remueven con facilidad».
Rainer María Rilke, Fragmento de La segunda elegía (Las elegías de Duino).

«El mundo se puede comprender porque no hay bosques con más árboles que ramas».
Jorge Wagensberg. Yo, lo superfluo y el error.



Carsten Peter, National Geographic Society.

«Vendo alma inquieta, no se admite devolución».
Ricardo Reques, Fuera de lugar.
Joel Rea

«―Tal vez podría construir muñecos que tuvieran corazón, conciencia, pasiones, sentimientos y una moral. Pero nadie en este mundo se interesaría por ellos. La gente solo quiere rarezas en este mundo: monstruos es lo que quieren, sí señor, sólo monstruos».

Joseph Roth, La noche mil dos.
Sarah Louette.

Tristeza de verano
«El sol, sobre la arena, luchadora dormida,
En tus cabellos de oro caldea un baño lánguido
Y, consumiendo incienso en tu enemigo pómulo,
Entremezcla a los llantos un brebaje amoroso.
Del blanco llamear la calma inamovible
Te hizo, triste, decir, oh mis besos miedosos,
"No seremos los dos nunca una sola momia
Bajo el desierto antiguo y las palmas dichosas".
Pero tu cabellera es como un río tibio
Donde ahogar sin temblores la obsesión de nuestra alma
Y encontrar esa Nada que no conoces tú.
Probaré los afeites llorados por tus párpados,
A ver si saben dar al corazón que heriste
La insensibilidad del cielo y de las piedras».
Stéphane Mallarmé (Traducido por Tomás Segovia).
Michael Ticcino

«Tan solo me quedé allí sentado, rabiando en silencio por el hecho de que este fraude personal y cósmico jamás sería vengado».
Tom McCarthy, Satin Island.