Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Julien Pacaud

«¿Qué dosis de verdad puede soportar un hombre?».
Friedrich Nietzsche.
Svetoslav Stoyanov

«Es difícil tener convicciones precisas cuando se habla de las razones del corazón, sostiene Pereira».
Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira.
Manuel Castillero Ramírez, El día en que el silencio reinó en el Congreso.

«Los presentimientos se abren a veces de la misma manera que las heridas en la piel: basta una única y precisa incisión».

Carmen M. Cáceres. Una verdad improvisada.
Christopher Clark

«―Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca ―protestó Alicia.
―Oh, eso no lo puedes evitar ―repuso el Gato―. Aquí todos estamos locos, Yo estoy loco. Tú estás loca.
―¿Cómo sabes que yo estoy loca? ―preguntó Alicia.
―Tienes que estarlo ―afirmó el Gato―. De lo contrario no habrías venido aquí».

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.
Tommy Ingberg.

«Estoy yo: de pronto soy importante. María dice que estoy yo y de buenas a primeras me doy cuenta de que existo. Me pregunto: ¿no podía darme cuenta yo solo de que existía? Parece que no. Parece que hace falta que otra persona te avise».
Erri de Luca, Montedidio.
Kross 13 (flickr)

«Cuando Tom se hubiera ido y ya no viviera en la Roche, Anita recordaría el carácter de sus conversaciones a media tarde. Las horas que pasaban en el sofá charlando sobre el cambio de temperaturas, sobre la navegación fluvial, sobre la importancia del atuendo durante el viaje. El disfrute del conocimiento».
Pilar Adón, Las efímeras.
Jia-Ma

«Lo que yo he intentado hacer es salvar nuestro sentido autocrítico; con todas las probabilidades y presunciones en contra, minar o al menos debilitar nuestra presunción».
Zygmunt Bauman, Esto no es un diario.
Frederick Lord Leighton, Flaming June. Museo de Arte de Ponce,

A ras de suelo
«Leo con las manos llenas de sol e intento descifrar el lenguaje de tus gestos.

Leo todas las noches para intentar comprender el significado de las estrellas fugaces que recorren tus cabellos.

Leo con la inquietud del que sabe que tras tus labios asoma el mundo en carne viva...».
José Ignacio Montoto
Lemyre Art. A different kind of dreamer.

«Amar o volar, que viene a ser lo mismo».
Ricardo Reques, Loba (Piernas fantásticas).
Will Barnet, Three Chairs II, 1995.

«En mí casa tenía tres sillas: una para la soledad, dos para la amistad, tres para la sociedad. Cuando inesperadamente venía un gran número de visitantes, sólo estaba la tercera silla para todos ellos, pero por lo general economizaban espacio quedándose de pie».

Henry David Thoreau,  Walden, La vida en los bosques.
Remedios Varo, Visita inesperada, 1958.

«Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue».
Heráclito.
David Hettinger

«Existe una cierta uniformidad monótona en los destinos de los hombres. Nuestras existencias se desarrollan según leyes antiguas e inmutables, según una cadencia propia, uniforme y antigua. Los sueños no se hacen nunca realidad, y en cuanto los vemos rotos, comprendemos de repente que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad».

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes.
Kyle Thompson

«Tomó conciencia de sí mismo como nunca antes. A veces se miraba en el espejo, la cara alargada con mechones de cabello castaño, y se palpaba los pómulos afilados. Veía entonces las delgadas muñecas que se asomaban unos centímetros por las mangas de su chaqueta y se preguntaba si parecería tan ridículo ante los otros como lo parecía a sí mismo».

John Williams, Stoner.
Kristin Manson

Yo estaré en tu pensamiento…
«Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;
habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz
y la mía es la que tú vas abandonando».
Antonio Gamoneda, Cecilia (Antología poética).
LuckyN. Shutterstock

«Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho».

Ernesto Sábato.
Rafal Olbinski

«¿Es preciso que lo que constituye la felicidad del hombre sea también la fuente de su miseria? Este sentimiento, que llena y rejuvenece mi corazón ante la vivaz naturaleza, que vierte sobre mi seno torrentes de deliciosas dulzuras y convierte en un paraíso el mundo que me rodea, ha llegado a ser para mí un insoportable verdugo, un espíritu que me atormenta y que me persigue por todas partes».

J.W. Goethe, El joven Werther.
Conor Keller

«La memoria no solo produce fantasmas, a veces también reporta algún placer. A decir verdad, el olor a sábanas limpias y estiradas concienzudamente por mi madre me ha provocado algo de vértigo. Ha sido uno de esos momentos que demuestran que el tiempo ha pasado, cuando tomas conciencia de que ya existe un pasado propio».

Sònia Hernández, Las responsabilidades (Los enfermos erróneos).
Marcel Caram

«Sólo lo que no enseña, lo que no grita, lo que no persuade, lo que no condesciende, lo que no explica, sólo eso es irresistible».
William Butler Yeats
Max Ernst, Aquis submersus. 1919. Städelsches Kunstinstitut und Städtische Galerie,

«Cuadros, dibujos, estampas de otros tiempos intentan reconstruir sobre la pared el mosaico de una vida que soy incapaz de reconocer. ¿Fui niño alguna vez en esta casa? ¿Acaso salté barandas, escalé árboles, enterré tesoros bajo los cipreses, o quizás puse nombre a orondas nubes viajeras?

Alfonso Cost, Le rémouleur (Diodati, la cuna del monstruo).
George Grie, Mermaid syndrom, 2006

«Luego, con las manos ensangrentadas, se revuelven contra Orfeo, agrupándose como los pájaros cada vez que acechan un ave nocturna revoloteando a pleno día, o como, en la arena del anfiteatro, el ciervo es presa matutina de los perros; así arremeten contra el vate, arrojándole tirsos de verdes hojas no creados para este cometido».

Ovidio, Metamorfosis.
Mark Rothko, Orange and Yellow. 1956.

«No habiéndose encontrado nunca una metáfora suficientemente adecuada para ciertos colores emotivos, afirmo que los dioses existen».

Ezra Pound.
Patty Maher

«Sabemos, también, que los libros envejecen a nuestro lado, amarillean con el tiempo, como decía el poeta, y llevan, muchos de ellos, marcas de nuestras lecturas, las notas de las reflexiones que despertaron, las pruebas de nuestro amor».

Emilio Lledó, Los libros y la libertad.
Redmer Hoekstra

«La forma no es un sobretodo que se pone sobre la carne del propio pensamiento (una antigua comparación, que ya era vieja en tiempos de Flaubert), sino la carne del propio pensamiento. Es tan imposible imaginar una Idea sin Forma como una Forma sin Idea. En arte todo depende de la ejecución: la historia de un piojo puede ser más bella que la de Alejandro. Hay que escribir tal y como se siente, asegurarse de que esos sentimientos son sinceros, y despreocuparse de todo lo demás. Cuando un verso es bueno, no pertenece a ninguna escuela. Una buena frase de prosa tiene que ser tan inmutable como un buen verso».
Julian BarnesEl loro de Flaubert.
Remedios Varo, Les Feuilles Mortes, 1956.

Rondó
«Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré:
que el chasquido de las cápsulas o el fogonazo sulfúreo,
como guardado por ángeles, no arrasarán mi jardín.
Qué claridad de relámpagos cuando mis ojos se cierran.
Tan cercanas las imágenes del amor, aquí, en mi pecho,
como canto de sirenas o recuerdos de niñez.
Con paso quedo, despacio: no despertéis a las rosas.
El momento de la lluvia tras los cristales velados,
y el momento en que se escuchan tu mirada y tu sonrisa,
y el momento en que tu voz descubre cielo y planetas,
y el momento en que tu piel gime un fulgor susurrante,
y el momento en que tus labios, y tus ojos, y la lluvia...
Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré».

Pere Gimferrer, Extraña fruta y otros poemas (1968 – 1969).
Patty Maher
«Guardo aquel cuaderno, de tapas marrones, entre mis objetos más preciados, entre los que no hay joya ni piedra preciosa alguna. Mis objetos amados están hechos de papeles, de piedra, de arena, de madera, de piel. Caben todos ellos en un maletín de cuero que fue del tío Marcel, con sus iniciales grabadas en plata».

                           Mary Ann Clark Bremer, Cuando acabe el invierno (Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).
Jacek Yerka

Causas y azares
«Cada cosa
prospera
o muere
juzgada por un dios
absurdo,
pequeño,
feroz».
José María Gómez Valero, Los augurios.
N.C. Wyeth, For a mile, or thereabouts, my raft went very well,

«Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos».
Daniel Defoe, Robinson Crusoe.
Kindra Nikole

«María, pregunto, ¿éste es el amor del que se habla en las canciones? “No”, me dice, “ese es amor de melancolía, un paño de lágrimas y suspiros, una pesadez. Tu amor y el mío es una alianza, una fuerza de lucha”. Y entonces nos acomete el viento para arrancarnos de la boca nuestros susurros».

Erri de Luca, Montedidio.
Jimmy Lawlor, Books.

«Arañadas tapas de un verde ajado, como de un terciopelo muchas veces expuesto a la luz.
Tapas del color del tabaco. Y del de los corales de las islas Filipinas.
Tapas del color de la luz del atardecer en Nueva Inglaterra ―mis otros veranos―.
Tapas con olor a cobalto, a moho dulce, a gusanos de seda, a madreselva, a coñac, a tierra mojada.
Tapas estampadas con dos lineas de oro desvaído, en azul prusia, en blanco sucio de nieve.
Los libros de tapas de cartón forradas con telas y los libros de tapas flexibles para los días de tren o playa.
Libros en miniatura (los poemas de Verlaine) y libros gigantescos (algunas novelas de Balzac).
Libros que podrían sujetar un edificio entero (por lo que dicen y cómo lo dicen).
Ningún libro malo entre tantos libros».
Mary Ann Clark Bremer, Una biblioteca de verano.
(Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).
Xetobyte, The Library

«En efecto: he gastado mi adolescencia en cines malsanos y bibliotecas infectas. Para colmo, mis amigas, siempre me han dejado».
Roberto Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción.
Vladimir Kush

«Por el camino pensamos cosas puras,
uno al lado de otro, fugitivos,
cogidos de la mano y pensativos
en medio de las flores más oscuras».
Paul Valéry, fragmento de El bosque amigo.
Oriol Jolonch Clariana

«Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, estaba practicando Juan Salvador Gaviota».
Richard Bach, Juan Salvador Gaviota.
BeneathNorthernSkies
«Hay hombres, pensé, que podrían ayunar cuarenta días por el placer de escuchar a un mirlo cantar. Hay hombres capaces de atravesar un fuego para encontrar una prímula».
G. K. Chesterton, Orthodoxy.
Vincent van Gogh, Girl In The Woods. 1882. The Hague, Netherlands

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido».
Henry David Thoreau, Walden, la vida en los bosques.

«Cuando se ha culminado la navegación por el mar de la vida, deberá mostrarse si se tienen ánimos para comprender que la vida es una repetición e igualmente, si se encuentra placer en gozarla en ese sentido».


Søren Kierkegaard, La repetición.
John D. Schiff, First Papers of Surrealism exhibition. Instalación de Marcel Duchamp. 1942. 

«¿Existe un solo libro que Coleridge o Humboldt no hayan leído, anotando, añadiendo numerosos comentarios, para componer, acerca del primero, un segundo libro en los márgenes, en hojas sueltas, en una proliferación de notas a pie de página?».
George Steiner, El silencio de los libros.

Edgar Ende, Schlittschuhläufer der. 1930.

«Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él».


Johnathan Swift.
Stephen Criscolo

«La mente del poeta está llena de manifestaciones de las leyes misteriosas y, cuando estas manifestaciones aparecen, se fortalecen, se destacan fuertemente sobre el fondo de la mente, aspiran a salir de él, porque todo aquello que debe durar aspira a salir de todo aquello que es frágil, perecedero y que puede desaparecer esa misma noche o ya no ser capaz de sacarlo a la luz».
Marcel Proust. 
Eduard Gordeev 

«Hombre, si eres alguien, ve a pasear solo, conversa contigo mismo, y no te escondas en un coro».
Epicteto.
Michael Dalmedo, Opposite Worlds.

«Hay un momento en la vida de un hombre ―por consiguiente, de los hombres― donde todo ha culminado, los libros están escritos, el universo está silencioso, los seres están en calma».

Maurice Blanchot.
Rikki O'Neill, New-moon

«El mundo juzga adecuadamente muchas cosas porque vive en la ignorancia natural, que es la verdadera sede del hombre. Las ciencias tienen dos extremos que se tocan. El primero es la pura ignorancia natural en la que se encuentran todos los hombres al nacer. El otro extremo es aquel al que llegan las grandes almas que, después de haber recorrido todo lo que los hombres pueden saber, descubren que no saben nada, y vuelven a encontrarse con la misma ignorancia de la que habían salido; pero esta es una ignorancia docta que se conoce. Entre unos y otros están los que salieron de la ignorancia natural y no pudieron alcanzar la otra; estos tienen un barniz de esta ciencia presuntuosa, y se las dan de entendidos. Son los que alborotan el mundo y juzgan inadecuadamente todo».

Pascal, Pensamientos.
María Reques, 2016.

«Por eso es mejor que nuestros hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensa y el mal no recibe castigo, y que, sin embargo, es preciso amar el bien y odiar el mal, y no es posible dar una explicación lógica de esto».

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes.
Sarah Louette

 «La respuesta es que la novela no es un entretenimiento (o no solo es eso); es, sobre todo, una herramienta de investigación existencial, un utensilio de conocimiento de lo humano».
Javier Cercas, El punto ciego.
Philip McKay

«Como aquel, que en un camino solitario
anda lleno de miedos y temores,
y habiéndose una vez dado la vuelta sigue andando
y nunca más habrá de volver la vista atrás:
porque sabe que un demonio espantoso
con paso firme se aproxima a sus espaldas».
Samuel Taylor Coleridge, Fragmento de Rima del anciano marinero.
Moisés Yagües, La valla.

«Las fronteras son creativas, en ellas hierve la vida más que en los centros». 
José Luis Sampedro
Eric Sloane, 1500 Ft., Newark, N.J. 1937.

Versión homenaje a W. B. Yeats
«Algún día tenía que irme al otro barrio
y lo mismo es hacerlo aquí, sobre las nubes,
que despeñarme al buscar una cabra perdida o persiguiendo al lobo.
Ahora estoy aquí, en medio de toda esta locura,
eso es todo, y ni con mis enemigos perderé un segundo de rencor,
ni a los amigos pediré que me recuerden.
No tengo nada a que llamar país, salvo
a ese puñado de casas y de gentes
que es Kiltartan Cross y que seguirá estando donde siempre estuvo.
Por allí andarán ahora todos a quienes quiero.
Unos quizás estén de regreso a casa tras un duro día,
otros, los que llegaron antes, calentarán al fuego sus manos ásperas.
Si ahora estoy aquí es porque así lo quise entonces,
ni ellos, los que ahora beben té bajo las grandes lámparas,
y por pudor o elegancia nada dirán sobre la sangre,
me convencieron con su sutil verborrea,
ni todas esas pobres gentes que se agolpaban en las calles,
ciegos de rencor, me empujaron a esto.
Sólo a este vértigo, a esta sensación de pájaro
que pronto alcanzará la tormenta,
aquí, en mitad de todo y de nada,
debo este momento de suprema libertad.
Para quienes crean que lo mío es una locura,
sólo quisiera decirles que mucho medité lo que me hacía,
lo que hubiera de venir habría de venir sin remedio,
aquello que fui dejando atrás, atrás quedó,
morir y vivir son sólo parte de ese plan instantáneo y eterno».
Manuel Moya, Corazón de la serpiente.
Mian Ijaz Ul Hassan, Forest.

«Inmediatamente después, Sabri oyó en el espeso bosque el ruido de la lluvia, como si fuera una criatura que hubiera estado durmiendo justo a su lado, cómo se desperezaba la música de Debussy, cómo se agitaba con brillos de alhaja, cómo se abría paso».
Ahmet Hamdi Tanpinar, Lluvia de verano.