Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Quint Buchholz.

«Aunque los asuntos del mundo me llevaron pronto por derroteros inesperados y nunca he escrito nada con intención literaria hasta hoy, siempre he sido un apasionado de la lectura. Primero, lector de poesía; más tarde, de relatos, un aficionado a las formas breves. Adoro los cuentos. No simpatizo, en cambio, con las novelas porque son, como decía Barthes, una forma de muerte: convierten la vida en destino».

Enrique Vila-Matas, Mac y su contratiempo.
AquaSixio, After the rain.

«Por supuesto no había nada especial en mi llanto, era solo esa especie de honestidad privada que a veces se extiende dentro y nos emparenta a las cosas modestas en las que jamás pensamos ―al viento, a las piedras, a la extensión de un país―».

Carmen M. Cáceres, Una verdad improvisada.
Kyle Thompson

«Escribo para demostrar que, aunque creamos que podemos ser autobiográficos, en realidad contar lo que nos ha ocurrido es sólo posible si inventamos. Creemos que podemos ser creadores de una ficción radical cuando en realidad, tras la invención de la historia, está ahí siempre (por muy escondida que la imaginemos) nuestra verdadera personalidad».

Enrique Vila-Matas.
István Sándorfi.

«El empapelado rezuma tristeza, y las paredes me oprimen como el miedo. Esta oscura habitación de hotel es el centro del torbellino, en el que cualquier resistencia es inútil».
Elizabeth Smart, En Grand Central Station me senté y lloré.
Rafal Olbinski

«Lo que yo sé, cualquiera lo puede saber; pero mi corazón lo tengo yo sólo».

J.W. Goethe, El joven Werther.
Gladiola Sotomayor, Writing My Heart Out.

«Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura».
Roland Barthes, Inexpresable amor (Fragmentos de un discurso amoroso).
 Marc Chagall, Hommage au Passé. 1944.

El ladrón
«De una fueron sus miradas, de otra su sonrisa y también aquellos hoyuelos de sus mejillas que tanto le agradaban. A veces, se quedaba con un simple movimiento de un brazo o con la inclinación coqueta de la cabeza.
El ladrón de gestos buscaba aquellos rasgos que más atractivo les daba y, con ellos, se llevaba su personalidad».
                          Ricardo Reques, El ladrón. Galería de Hiperbreves. Edición del Círculo Cultural Faroni. Editorial Tusquets.
James Downie, Walking the Cliffs.

«―Todos le teníamos miedo. Teníamos que tenerlo. Pero Jean le odiaba. Quizás porque le admiraba mucho; por ser un oficial y por los libros que traía. Se metía en su cuarto oscuro y los leía cuando usted no estaba. ―Falk no respondió, sino que se acercó para oír sus palabras en medio del silbido del mar que regresaba―. Intentaba leer los libros de poesía alemana. Y aquel gordo encuadernado en amarillo. Era de un filósofo, ¿verdad? Con un nombre largo. No lo recuerdo. A Jean lo enloquecía pensar que pudiera tener libros así y atesorarlos. Quería matarle. No habría sido tan difícil. Su costumbre de volver solo desde el acantilado al anochecer. Pero no le dejaron».

George Steiner, No vuelvas (En lo profundo del mar).
Ron Hicks, A stolen kiss. 2010.

«Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso».

Lord Byron.
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«Un día llegó con un libro pequeño, usado, con la portada de un azul muy elegante. Lo hermoso es que había cruzado toda la ciudad para traérmelo, lo había visto en una librería de viejo, y entonces dejó todo lo que estaba haciendo para traérmelo de inmediato: hasta ese punto le parecía irresistible, y valioso. El libro tenía un título magnífico: Cómo abandonar un barco. Era un pequeño manual. Los caracteres de la portada eran nítidos, perfectos. Las ilustraciones, en el interior, estaban paginadas con infinito esmero. ¿Entiende usted que un libro semejante vale más que mucha literatura?».

Alessandro Baricco, La Esposa joven.
Stefan Hoenerloh

«Ahora bien, la ciudad contiene dos mundos. Un mundo rodeado de murallas y otro rodeado de gente. El segundo mundo está afuera, con el cielo de finales de invierno y los árboles desnudos y las duras calles que se alargan en todas direcciones, y los resplandecientes escaparates iluminados y el gentío bullicioso. Este mundo posee un rostro ciego y malicioso, el rostro de la muchedumbre. El rostro de la muchedumbre no puede verse de inmediato, solo aparece al cabo de un rato, cuando se asoma en las perplejas miradas de soslayo y las bruscas ojeadas».

Maeve Brennan, De visita.
Vilhelm Hammershøi

«La única moral de la novela es el conocimiento; es inmoral aquella novela que no descubre parcela alguna de la existencia hasta entonces desconocida».

Hermann Broch.
Julien Pacaud

«¿Qué dosis de verdad puede soportar un hombre?».
Friedrich Nietzsche.
Svetoslav Stoyanov

«Es difícil tener convicciones precisas cuando se habla de las razones del corazón, sostiene Pereira».
Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira.
Manuel Castillero Ramírez, El día en que el silencio reinó en el Congreso.

«Los presentimientos se abren a veces de la misma manera que las heridas en la piel: basta una única y precisa incisión».

Carmen M. Cáceres. Una verdad improvisada.
Christopher Clark

«―Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca ―protestó Alicia.
―Oh, eso no lo puedes evitar ―repuso el Gato―. Aquí todos estamos locos, Yo estoy loco. Tú estás loca.
―¿Cómo sabes que yo estoy loca? ―preguntó Alicia.
―Tienes que estarlo ―afirmó el Gato―. De lo contrario no habrías venido aquí».

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.
Tommy Ingberg.

«Estoy yo: de pronto soy importante. María dice que estoy yo y de buenas a primeras me doy cuenta de que existo. Me pregunto: ¿no podía darme cuenta yo solo de que existía? Parece que no. Parece que hace falta que otra persona te avise».
Erri de Luca, Montedidio.
Kross 13 (flickr)

«Cuando Tom se hubiera ido y ya no viviera en la Roche, Anita recordaría el carácter de sus conversaciones a media tarde. Las horas que pasaban en el sofá charlando sobre el cambio de temperaturas, sobre la navegación fluvial, sobre la importancia del atuendo durante el viaje. El disfrute del conocimiento».
Pilar Adón, Las efímeras.
Jia-Ma

«Lo que yo he intentado hacer es salvar nuestro sentido autocrítico; con todas las probabilidades y presunciones en contra, minar o al menos debilitar nuestra presunción».
Zygmunt Bauman, Esto no es un diario.
Frederick Lord Leighton, Flaming June. Museo de Arte de Ponce,

A ras de suelo
«Leo con las manos llenas de sol e intento descifrar el lenguaje de tus gestos.

Leo todas las noches para intentar comprender el significado de las estrellas fugaces que recorren tus cabellos.

Leo con la inquietud del que sabe que tras tus labios asoma el mundo en carne viva...».
José Ignacio Montoto
Lemyre Art. A different kind of dreamer.

«Amar o volar, que viene a ser lo mismo».
Ricardo Reques, Loba (Piernas fantásticas).
Will Barnet, Three Chairs II, 1995.

«En mí casa tenía tres sillas: una para la soledad, dos para la amistad, tres para la sociedad. Cuando inesperadamente venía un gran número de visitantes, sólo estaba la tercera silla para todos ellos, pero por lo general economizaban espacio quedándose de pie».

Henry David Thoreau,  Walden, La vida en los bosques.
Remedios Varo, Visita inesperada, 1958.

«Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue».
Heráclito.
David Hettinger

«Existe una cierta uniformidad monótona en los destinos de los hombres. Nuestras existencias se desarrollan según leyes antiguas e inmutables, según una cadencia propia, uniforme y antigua. Los sueños no se hacen nunca realidad, y en cuanto los vemos rotos, comprendemos de repente que las mayores alegrías de nuestra vida están fuera de la realidad».

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes.
Kyle Thompson

«Tomó conciencia de sí mismo como nunca antes. A veces se miraba en el espejo, la cara alargada con mechones de cabello castaño, y se palpaba los pómulos afilados. Veía entonces las delgadas muñecas que se asomaban unos centímetros por las mangas de su chaqueta y se preguntaba si parecería tan ridículo ante los otros como lo parecía a sí mismo».

John Williams, Stoner.
Kristin Manson

Yo estaré en tu pensamiento…
«Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;
habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.
Pero también quiero permanecer desconocido en ti.
Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.
Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.
Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz
y la mía es la que tú vas abandonando».
Antonio Gamoneda, Cecilia (Antología poética).
LuckyN. Shutterstock

«Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho».

Ernesto Sábato.
Rafal Olbinski

«¿Es preciso que lo que constituye la felicidad del hombre sea también la fuente de su miseria? Este sentimiento, que llena y rejuvenece mi corazón ante la vivaz naturaleza, que vierte sobre mi seno torrentes de deliciosas dulzuras y convierte en un paraíso el mundo que me rodea, ha llegado a ser para mí un insoportable verdugo, un espíritu que me atormenta y que me persigue por todas partes».

J.W. Goethe, El joven Werther.
Conor Keller

«La memoria no solo produce fantasmas, a veces también reporta algún placer. A decir verdad, el olor a sábanas limpias y estiradas concienzudamente por mi madre me ha provocado algo de vértigo. Ha sido uno de esos momentos que demuestran que el tiempo ha pasado, cuando tomas conciencia de que ya existe un pasado propio».

Sònia Hernández, Las responsabilidades (Los enfermos erróneos).
Marcel Caram

«Sólo lo que no enseña, lo que no grita, lo que no persuade, lo que no condesciende, lo que no explica, sólo eso es irresistible».
William Butler Yeats
Max Ernst, Aquis submersus. 1919. Städelsches Kunstinstitut und Städtische Galerie,

«Cuadros, dibujos, estampas de otros tiempos intentan reconstruir sobre la pared el mosaico de una vida que soy incapaz de reconocer. ¿Fui niño alguna vez en esta casa? ¿Acaso salté barandas, escalé árboles, enterré tesoros bajo los cipreses, o quizás puse nombre a orondas nubes viajeras?

Alfonso Cost, Le rémouleur (Diodati, la cuna del monstruo).
George Grie, Mermaid syndrom, 2006

«Luego, con las manos ensangrentadas, se revuelven contra Orfeo, agrupándose como los pájaros cada vez que acechan un ave nocturna revoloteando a pleno día, o como, en la arena del anfiteatro, el ciervo es presa matutina de los perros; así arremeten contra el vate, arrojándole tirsos de verdes hojas no creados para este cometido».

Ovidio, Metamorfosis.
Mark Rothko, Orange and Yellow. 1956.

«No habiéndose encontrado nunca una metáfora suficientemente adecuada para ciertos colores emotivos, afirmo que los dioses existen».

Ezra Pound.
Patty Maher

«Sabemos, también, que los libros envejecen a nuestro lado, amarillean con el tiempo, como decía el poeta, y llevan, muchos de ellos, marcas de nuestras lecturas, las notas de las reflexiones que despertaron, las pruebas de nuestro amor».

Emilio Lledó, Los libros y la libertad.
Redmer Hoekstra

«La forma no es un sobretodo que se pone sobre la carne del propio pensamiento (una antigua comparación, que ya era vieja en tiempos de Flaubert), sino la carne del propio pensamiento. Es tan imposible imaginar una Idea sin Forma como una Forma sin Idea. En arte todo depende de la ejecución: la historia de un piojo puede ser más bella que la de Alejandro. Hay que escribir tal y como se siente, asegurarse de que esos sentimientos son sinceros, y despreocuparse de todo lo demás. Cuando un verso es bueno, no pertenece a ninguna escuela. Una buena frase de prosa tiene que ser tan inmutable como un buen verso».
Julian BarnesEl loro de Flaubert.
Remedios Varo, Les Feuilles Mortes, 1956.

Rondó
«Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré:
que el chasquido de las cápsulas o el fogonazo sulfúreo,
como guardado por ángeles, no arrasarán mi jardín.
Qué claridad de relámpagos cuando mis ojos se cierran.
Tan cercanas las imágenes del amor, aquí, en mi pecho,
como canto de sirenas o recuerdos de niñez.
Con paso quedo, despacio: no despertéis a las rosas.
El momento de la lluvia tras los cristales velados,
y el momento en que se escuchan tu mirada y tu sonrisa,
y el momento en que tu voz descubre cielo y planetas,
y el momento en que tu piel gime un fulgor susurrante,
y el momento en que tus labios, y tus ojos, y la lluvia...
Quisiera tener un revólver para escuchar solamente
el sonido de la sangre, y saber que no moriré».

Pere Gimferrer, Extraña fruta y otros poemas (1968 – 1969).
Patty Maher
«Guardo aquel cuaderno, de tapas marrones, entre mis objetos más preciados, entre los que no hay joya ni piedra preciosa alguna. Mis objetos amados están hechos de papeles, de piedra, de arena, de madera, de piel. Caben todos ellos en un maletín de cuero que fue del tío Marcel, con sus iniciales grabadas en plata».

                           Mary Ann Clark Bremer, Cuando acabe el invierno (Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).
Jacek Yerka

Causas y azares
«Cada cosa
prospera
o muere
juzgada por un dios
absurdo,
pequeño,
feroz».
José María Gómez Valero, Los augurios.
N.C. Wyeth, For a mile, or thereabouts, my raft went very well,

«Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos».
Daniel Defoe, Robinson Crusoe.
Kindra Nikole

«María, pregunto, ¿éste es el amor del que se habla en las canciones? “No”, me dice, “ese es amor de melancolía, un paño de lágrimas y suspiros, una pesadez. Tu amor y el mío es una alianza, una fuerza de lucha”. Y entonces nos acomete el viento para arrancarnos de la boca nuestros susurros».

Erri de Luca, Montedidio.
Jimmy Lawlor, Books.

«Arañadas tapas de un verde ajado, como de un terciopelo muchas veces expuesto a la luz.
Tapas del color del tabaco. Y del de los corales de las islas Filipinas.
Tapas del color de la luz del atardecer en Nueva Inglaterra ―mis otros veranos―.
Tapas con olor a cobalto, a moho dulce, a gusanos de seda, a madreselva, a coñac, a tierra mojada.
Tapas estampadas con dos lineas de oro desvaído, en azul prusia, en blanco sucio de nieve.
Los libros de tapas de cartón forradas con telas y los libros de tapas flexibles para los días de tren o playa.
Libros en miniatura (los poemas de Verlaine) y libros gigantescos (algunas novelas de Balzac).
Libros que podrían sujetar un edificio entero (por lo que dicen y cómo lo dicen).
Ningún libro malo entre tantos libros».
Mary Ann Clark Bremer, Una biblioteca de verano.
(Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).
Xetobyte, The Library

«En efecto: he gastado mi adolescencia en cines malsanos y bibliotecas infectas. Para colmo, mis amigas, siempre me han dejado».
Roberto Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción.
Vladimir Kush

«Por el camino pensamos cosas puras,
uno al lado de otro, fugitivos,
cogidos de la mano y pensativos
en medio de las flores más oscuras».
Paul Valéry, fragmento de El bosque amigo.
Oriol Jolonch Clariana

«Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, estaba practicando Juan Salvador Gaviota».
Richard Bach, Juan Salvador Gaviota.
BeneathNorthernSkies
«Hay hombres, pensé, que podrían ayunar cuarenta días por el placer de escuchar a un mirlo cantar. Hay hombres capaces de atravesar un fuego para encontrar una prímula».
G. K. Chesterton, Orthodoxy.
Vincent van Gogh, Girl In The Woods. 1882. The Hague, Netherlands

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido».
Henry David Thoreau, Walden, la vida en los bosques.

«Cuando se ha culminado la navegación por el mar de la vida, deberá mostrarse si se tienen ánimos para comprender que la vida es una repetición e igualmente, si se encuentra placer en gozarla en ese sentido».


Søren Kierkegaard, La repetición.
John D. Schiff, First Papers of Surrealism exhibition. Instalación de Marcel Duchamp. 1942. 

«¿Existe un solo libro que Coleridge o Humboldt no hayan leído, anotando, añadiendo numerosos comentarios, para componer, acerca del primero, un segundo libro en los márgenes, en hojas sueltas, en una proliferación de notas a pie de página?».
George Steiner, El silencio de los libros.