Los cuadernos de Vogli

«Pertenezco a esa parte de la humanidad —una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público— que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y cada punto y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él».

Italo Calvino

Lola Castillo

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«qué será de nosotros si nos acomodamos
al silencio ovalado de las tumbas abiertas
al dolor de la infancia a la lluvia de otoño
al lapso horizontal que equilibra un presente
convulso y lapidario con su abrasador péndulo
cómo se puede ser siendo solo uno mismo
si somos la delgada nervadura en las hojas
de los espinos blancos su olor y su reflejo».

Francisco Javier Guerrero, Las razones del agua.
Pini Hamou, Photography 26

«Cabría en una cuartilla las cosas que necesito para vivir. En media cuartilla. En el reverso de una tarjeta de visita incluso».
Mary Ann Clark Bremer, Cuando acabe el invierno (Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos).

Traducido por Hugo Bachelli



  Jack Vettriano, Mind Bending

«No confundas el amor con el delirio de la posesión, que aporta los peores sufrimientos. Porque, en contra de la opinión común, el amor no hace sufrir. Lo que hace sufrir es el instinto de propiedad, que es lo contrario del amor».
Antoine de Saint-Exupéry, Ciudadela.
Traducido por Hellen Ferro
Frida-Kahlo, Raíces. 1943.

«Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Sólo entonces te darás cuenta de lo especial que eres para mí».

Frida Kahlo
Alex Stoddard

«¿Cuánto tiempo pasaría antes de que el hombre hiciera la última locura, antes de que la mujer perdiera la paciencia y dejara de aguantarlo».

Francisco Bitar, Tambor de arranque.
 
El Bosco. Avaricia. Mesa de los pecados capitales. 1505-1510. Museo del Prado, Madrid.

«La vida humana es ciertamente una cosa miserable: la atraviesa como un viento tempestuoso una incontenible avidez de ganancias. ¡Ojalá todos los médicos se unieran contra ella para curar un mal que es más grave que la locura, pues lo solemos considerar como una bendición siendo como es una enfermedad y la causa de numerosos males».

Hipócrates
Jungho Lee

«El mundo, según Mallarmé, existe para un libro; según Bioy, somos versículos o palabras o letras de un libro mágico, y ese libro incesante es la única cosa que hay en el mundo; es, mejor dicho, el mundo».
Jorge Luis Borges
Rafal Olbinski

«La filología es un arte respetable, que exige a quienes la admiran que se mantengan al margen, que se tomen tiempo, que se vuelvan silenciosos y pausados; un arte de orfebrería, una pericia propia de un orfebre de la palabra, un arte que exige un trabajo sutil y delicado, en el que no se consigue nada si no se actúa con lentitud».
Friedrich Nietzsche, Aurora.

Traducido por Enrique López Castellón
Andrew Atroshenko, Before the Dance.

«El hombre sin música en el alma,
insensible a la armonía de dulces sonidos,
solo sirve para intrigas, traiciones y rapiñas.
Sus impulsos son más turbios que la noche
y sus propósitos, más oscuros que el Erebo.
No te fíes de ese hombre. Escucha la música».
William Shakespeare, El mercader de Venecia.
Traducido por Ángel Luis Pujante.
Igor Morsk

«Culpar a otros de nuestras desdichas es una muestra de ignorancia; culparmos a nosotros mismos constituye el principio del saber; abstenerse de atribuir la culpa a otros o a nosotros mismos es muestra de perfecta sabiduría».

Epicteto
Nicoletta Ceccoli

«Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que trasmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado».
Ana María Matute, Discurso en la ceremonia del Premio Cervantes.
Dori Serrano

«La fantasía no es una forma de evadirse de la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella».
 Michael Ende

Nigella Lawson in her library

«Ahora bien, en la medida en que estoy lúcido, sé que escribo para contentar un deseo (en el sentido fuerte): el Deseo de Escribir».

Roland Barthes
 Traducido por Patricia Willson.
Igor Morski
«Porque la ilusión, la esperanza, engendra el desengaño, el recuerdo, y el desengaño, el recuerdo, engendra a su vez la ilusión, la esperanza».
Miguel de Unamuno, Niebla.
Florence Pugh interpretando Lady Macbeth (Dir: William Oldroyd)

«Mi ideal sería vivir en una novela, descansando de la vida —leer mis emociones, vivir mi desprecio hacia ellas—. Para quien tiene la imaginación a flor de piel, las aventuras de un protagonista novelesco son ya más que bastante, porque son tanto de él como nuestras. No hay mayor aventura que haber amado a Lady Macbeth con amor verdadero y directo. ¿Qué es lo que tiene que hacer quien así amó, salvo ya no amar más en esta vida?»

Fernando Pessoa, El libro del desasosiego.
Traducción de Manuel Moya

Quint Buchholz

«El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros».

Marguerite Yourcenar
 Rene Magritte. La Clef des champs.

«El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción».
Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea
Traducción de Francisco Torres Oliver. 
Rafał Olbiński

«¿No sientes a veces el deseo de rotar, de romper con todo? ¿Nunca sientes en tu propio ser la redondez de la Tierra?»
Malcolm Lowry, Rumbo al Mar Blanco.

Traducción de Ignacio Villaro
Corey Arnold

« … La noche se espesa
y hacia el bosque tenebroso vuela el cuervo.
La bondad del día decae y reposa,
y acechan los negros seres de las sombras.
Oírme te pasma. Mas no estés inquieta:
lo que el mal emprende con mal se refuerza.
Te lo ruego, ven conmigo».
William Shakespeare, Macbeth.
Traducido por Ángel Luis Pujante.
John William Waterhouse, The Soul of the Rose. 1908


Una sola nota musical para Hölderlin
«Si pierdo la memoria, qué pureza.
En la azul crestería la tarde se demora,
retiene su oro en mallas lejanísimas,
cuela la luz por un resquicio último, se extiende y me delata
como un arco que tiembla sobre el aire encendido.
¿Qué esperaba el silencio? Príncipes de la tarde, ¿qué palacios
holló mi pie, qué nubes o arrecifes, ¿qué estrellado país?
Duró más que nosotros aquella rosa muerta.
Qué dulce es al oído el rumor con que giran los planetas del agua».

Pere Gimferrer. Arde el mar. 

Tommy Ingberg

«Era como si pequeños trozos o fragmentos de su memoria se estuvieran desprendiendo de su frente y pudiera asistirse al insólito espectáculo de ver cómo allí mismo, en aquellos precisos instantes, su mente se iba vaciando en público, lentamente se iba quedando en blanco, desposeída trágicamente de todo recuerdo».

Enrique Vila-Matas, Suicidios ejemplares (Un invento muy práctico).
Chryssalis, Dark surrealism.

«¡Qué artes no se desarrollarán por dinero, qué hazañas no llevarán a cabo los más cobardes por una compensación razonable!».
Stig Dagerman, Nuestro balneario nocturno (El hombre desconocido).
Traducción de Marina Torres.
Djuno Tomsni

«Por lo tanto, cada uno de nosotros se forja sencillamente una ilusión del mundo, ilusión poética, sentimental, gozosa, melancólica, impura o lúgubre, según la naturaleza. Y la misión del escritor no es otra sino reproducir con fidelidad esta ilusión mediante todos los procedimientos del arte que haya aprendido y de que pueda disponer».

Guy de Maupassant, Prólogo a Pedro y Juan.
Traducción de Pedro Darnell. 
Beth Hoecke, Fall deep.

«Imágenes rotas explotaban suavemente en la cabeza de Carl, y sintió que se iba de sí mismo en un picado silencioso. Se vio desde una gran distancia con claridad y precisión, sentado en un comedor».
William S. Burroughs, El almuerzo desnudo.

Traducido por Martín Lendínez.
Jean-François Rauzier

«—Y sin embargo ―observó el profesor— estamos en condiciones de representar con caracteres de imprenta todo lo que se pueda legar a la humanidad en cuanto a acontecimientos históricos, conocimientos científicos, creación poética y enseñanza filosófica. Al menos en la medida en que todo esto puede ser expresado por el lenguaje. Pues nuestros libros transmiten efectivamente el saber de la humanidad y conservan el tesoro acumulado del trabajo del pensamiento. Pero el número de combinaciones posibles con unos caracteres dados es limitado. Así pues, toda la literatura posible debe necesariamente poder estar contenida en un número de volúmenes finito».
Kurd Lasswitz, La biblioteca universal.
Traducido por Esteve Serra.
Mia Wasikowska interpretando a Madame Bovary (Dir: Sophie Barthes)

«La joven Emma Bovary no ha existido jamás; la novela Madame Bovary existirá siempre. La vida de una novela es más larga que la de una joven».
Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea.
Traducción de Francisco Torres Oliver.
Marc Chagall. The Rabbi. 1923-1926. Kunstmuseum, Basel.

«Ella, en una especie de éxtasis, cogía un libro de la estantería y permanecía allí, observando cómo escribía su padre, tan regular; y lo limpiamente que llegaban, de un extremo al otro de la página, los renglones».
Virginia Woolf, Al faro.
Traducción de Benjamin Briggent.
Ekaterina Zagustina

Navegando a Bizancio
I
Aquel no es un país para viejos. Los jóvenes
unos en brazos de otros, pájaros en los árboles
–esas generaciones moribundas– cantando,
cascadas de salmones y mares de caballa,
aves, peces o carne celebran en verano
cuanto ha sido engendrado, nace y muere.
Sujetos a esa música sensual todos descuidan
los monumentos de la mente inmarchitable.
II
Cosa indigna es un viejo, un abrigo andrajoso
montado en una estaca, excepto cuando el alma
bate palmas y canta, y canta con más fuerza
por cada desgarrón de su mortal vestido,
pues no hay escuela para el canto, sólo estudiar
los monumentos de su propia magnificencia.
Y por ello he cruzado los mares y venido
a la ciudad sagrada de Bizancio.
III
Oh sabios congregados en el fuego divino
tal figuras murales en un mosaico dorado.
Venid a mí del fuego, girando en la espiral,
para ser los maestros de canto de mi alma.
Purgad mi corazón; enfermo de deseo,
y uncido a un animal agonizante,
no recuerda quién es; y encomendadme
al artificio de la eternidad.
IV
Fuera de la naturaleza no tomaré mi forma
corpórea de ningún objeto natural
sino de aquellas formas que los orfebres griegos
crean forjando el oro y en oro recubriéndolas
a fin de prevenir la modorra imperial;
o ponen a cantar en un árbol dorado
ante las damas y señores de Bizancio
los hechos que pasaron, pasan o pasarán.
William Butler Yeats. 1928 (Poesía reunida).

Traducido por Antonio Rivero Taravillo.
Shutterstock.com

«Porque, ¿sabe una cosa?, todos los viajes que hacemos, incluso por esos cretinos, al final nos traen algo bueno, como un cofre de oro o una fuente de juventud o un océano o un río que nadie había visto nunca, o por lo menos un gran filete con una patata asada».
John Cheever, Falconer.

Traducción de Anibal Leal.
Jenny Le.
«La tarde anterior se había dedicado a la rutina de su labor en el aula, había corregido ejercicios y preparado las clases para la semana siguiente. Imaginaba tardes como la anterior, y otras muchas tardes, en las que estaría libre para trabajar en su libro».
John Williams, Stoner.

Traducido por Antonio Diez Fernández.
Vincent van Gogh, Snow-covered Field with a Harrow (after Millet). 1889.

«Después solo el viento y el calor del fogón. Tiritando, me ponía de puntillas. Pa se acercó y moví la escopeta para tenerlo a tiro. Seguí moviéndola de atrás adelante…Hans y Pa… Pa y Hans. Adiós. La nieve se amontonaba en las esquinas de la ventana».
William H. Gass, El chico de Pedersen (En el corazón del corazón del país).
Traducido por Rebeca García Nieto.
Logan Zillmer

«La he estado mintiendo y he estado mintiéndome. ¡Siempre es así! Todo es fantasía y no hay más que fantasía. El hombre en cuanto habla miente, y en cuanto se habla a sí mismo, es decir, en cuanto piensa sabiendo que piensa, se miente. No hay más verdad que la vida fisiológica. La palabra, este producto social, se ha hecho para mentir. Le he oído a nuestro filósofo que la verdad es, como la palabra, un producto social, lo que creen todos, y creyéndolo se entienden. Lo que es producto social es la mentira...».
Miguel de Unamuno, Niebla.
Thomas Barbèy, Drive Through Gallery.

«—Conozco algunos tipos que hacen chifladuras mientras conducen el camión. Recuerdo uno que solía escribir poesía. Así pasaba el rato —miró a hurtadillas para ver si Joad parecía interesado o asombrado. Joad miraba en silencio a la distancia delante de él, a lo largo de la carretera, la blanca carretera que ondeaba con suavidad, como un leve oleaje».
John Steinbeck, Las uvas de la ira.

Traducción de Ediciones Cátedra.
Vladimir Kush

Un humor de tranquila belleza
«La luz de la tarde era como miel entre los árboles
cuando me dejaste y caminaste hasta el final de la calle
donde terminaba abruptamente el crepúsculo.
El puente levadizo, similar a un pastel de boda, descendió
hasta la tímida flor del nomeolvides.
Tú subiste a bordo.
Ardientes horizontes pavimentados de pronto con piedras de oro,
sueños que tuve, incluyendo el suicidio,
soplan el globo de aire caliente y lo alejan.
Está reventando, está a punto de reventar
con algo invisible
justo durante estos días.
Nosotros escuchamos, y a veces oímos,
algo que se acerca
y hacemos que la sangre descienda, y cosas así.
Los museos se tornaron entonces generosos, y vivieron en nuestro aliento».
John Ashbery, Uncollected Poems.
Traducción de Andrés Ibáñez.
Laura Williams

«Es preciso, para la comprensión del poema, hacer la observación de que los chinos pudientes antes de irse a acostar perfuman su lecho con esencias aromáticas. El poema es, quizás, un poquillo inconveniente, pero la decencia se ve reemplazada con creces por su belleza. En fin, helo aquí:
En la noche Profunda
En la noche fría, absorto en la lectura
de mi libro, olvidé la hora de acostarme.
Los perfumes de mi colcha bordada en oro
se han volatilizado ya, el fuego se ha apagado.
Mi bella amiga, que hasta entonces a duras penas
había dominado su ira, me arrebata la lámpara
y me pregunta: “¿Sabes la hora que es?”».
Franz Kafka, Cartas a Felice (poema de Yan-Tsen-Tsai).
Traducción de Pablo Sorozábal.

 Ben Goossens

«La gente que me rodea intuye de forma instintiva que soy un enemigo y me odia: no solo por ser diferente, o por desdeñar el trabajo o, lo que es peor, por no desempeñar ninguno; sino por algo que parecería, si lo expresaran en voz alta, un conjuro; porque les robo el alma —lo sé— y juego con ellos, los uso como títeres, los hago desfilar a través de extrañas muchedumbres y pasiones, husmeo en sus raíces».
William H. Gass, La señora Ruin (En el corazón del corazón del país).
Traducido por Rebeca García Nieto.
Andrew Ferez

«Quiero decir, que si yo realmente no me dejara engañar por los miedos de tu madre, nada de esto estaría pasando. Estaría levantándome ahora, poniéndome mi bikini para aprovechar el sol de las ocho.
Sí.
Yo soy culpable también, entonces. Yo confirmo, para tu madre, su propia locura».
Samanta Schweblin, Distancia de rescate.
Piet Mondrian, The Gray Tree, 1912.

«Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchemos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquiere una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es».
Hermann Hesse, El caminante.
Traducido por Pilar Giralt.
Norvz Austria

«Aquí todo está frío, también el pasado. El pasado es lo más difícil de calentar».

Matías Candeira, Casa de nieve (Ya no estaremos aquí).
James Tissot, Young Lady in a Boat. 1870.

«Mentira la supuesta impersonalidad u objetividad de Flaubert. Todos los personajes poéticos de Flaubert son Flaubert y más que ningún otro Emma Bovary. Hasta Mr. Homais, que es Flaubert, y si Flaubert se burla de Mr. Homais es para burlarse de sí mismo, por compasión, es decir, por amor de sí mismo».
Miguel de Unamuno. Cómo se hace una novela.


«De vez en cuando, vuelvo sobre aquella repentina fuga mía sin sentido y me resulta imposible entenderla. Y como sé que jamás la sabré entender, me digo que pudo ser perfectamente el gesto que inauguró mi relación con lo incomprensible».
Enrique Vila-Matas. Mac y su contratiempo.
Norvz Austria

«Existe el cielo. Existe el agua, existen las raíces. Existe la religión, existe la materia, existe la casa. Existen las abejas, existen las magnolias, los animales, el fuego. Existe la ciudad, existe la temperatura del aire que cambia en la respiración. Existe la luz, existen los cuerpos, los órganos, el pan. Existen los años, las moléculas, existe la sangre; y existen los perros, las estrellas, las trepadoras.
     Y existe el hambre. Los nombres.
     Existen los nombres.
     Existo yo».

Giorgio Vasta, El tiempo material.
Traducido por César Palma Hunt.
Jia-Ma

«Voy pensando que un libro nace de una insatisfacción, nace de un vacío, cuyos perímetros van revelándose en el transcurso y final del trabajo. Seguramente escribirlo es llenar ese vacío».

Enrique Vila-Matas, Café Kubista (Exploradores del abismo).
Fotograma: The Pillow Book (1996). Peter Greenaway (dir). 

«En mi opinión, escribir novelas no es un trabajo adecuado para personas extremadamente inteligentes. Es obvio que exige un nivel determinado de conocimiento, de cultura y también, cómo no, de inteligencia para poder llevarlo a cabo. En mi caso particular creo llegar a ese mínimo exigible. Bueno, quizás. Si soy sincero, suponiendo que alguien me preguntase abiertamente si de verdad estoy seguro de haberlo alcanzado, no sabría qué decir».

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir.
Traducido por Fernando Cordobés y Yoko Ogihara. 
Salvador Dali, Las sombras de la noche. 1931.

«Los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas».

Albert Camus.

Norvz Austria

«Mi única originalidad consiste en pensar como propias citas ajenas. En eso reside la destreza de un escritor: en que el lector piense que ha sido él el primero en decirlas».

«(Cuando regresen los bárbaros, 1944)».
Alex Chico. Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de postdatas.
Istvan Etienne Sandorfi

«El miedo a dañar a los demás, la sensualidad de las consecuencias, la consciencia del existir de otras almas ―estas cosas fueron trabas a mi vida y hoy me pregunto, de qué me sirvieron o a quiénes sirvieron. Las chicas que no seduje acabaron siendo seducidas por otros, pues acabarían de serlo por cualquiera. Donde yo fui pudoroso, los otros no lo fueron; y después de ver lo que habían hecho, lo que fue aquello, me he preguntado: ¿a qué pensar tanto si hacerlo causaría dolor?».
Fernando Pessoa, La educación del Estoico (Único manuscrito del Barón de Teive).
Traducido por Manuel Moya.

Albane Simon

«Escribir, eso sí. Escribir y escribir y escribir. La puta literatura. Qué aburridos, qué estreñidos, la verdad. Qué poca sangre, los escritores. No te fies de nadie que tiene la misma cara borracho que sobrio, Renfo».

Esther García Llovet, Cómo dejar de escribir.
Leszek Bujnowski

«Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla. La vida es una nebulosa».

Miguel de Unamuno, Niebla.

Paul Delvaux, Woman in the Mirror. 1936.

Laberinto interior
«Con la rabia de días como lustros
lanzo una piedra inagotable
contra mi imagen fiel en el espejo.
Oigo cerca una risa
muy familiar que desconozco.
Giro a la izquierda y choco de frente contra ti.
Pero sales huyendo, diligente.
Te aguardo en la siguiente encrucijada.
Cuando acabe contigo se acabará el enigma:
ya no serás mi sombra
                                       ni yo mi propia cárcel».

Esperanza López García, Fruta madura.